En 1909, Yesa seguía siendo una pequeña localidad dentro de la Comunidad Foral de Navarra, en España. En ese año, la Dirección General de Obras Hidráulicas encargó el estudio de un anteproyecto para la construcción del Embalse de Yesa, con el objetivo de mejorar la regulación de las aguas del río Aragón y facilitar el desarrollo agrícola en la región. Este estudio fue iniciado por el ingeniero Cornelio Arellano y finalizado en 1912 por Manuel Abascal.
Aunque el embalse no se construiría hasta varias décadas después, este primer proyecto sentó las bases para la transformación de la zona. Yesa, en ese momento, mantenía su economía basada en la agricultura y la ganadería, con una población que dependía de los recursos naturales y el comercio local. Su ubicación estratégica cerca del río Aragón seguía siendo importante para la comunicación y el transporte en la región.